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viernes, 6 de febrero de 2015

LA LENGUA PARA QUE NO HABLE: diario de un salvador



Era una tarde calurosa, más de lo habitual, la onda de calor hacía eco contra el bullicio y los gritos de desesperación de la gente en la calle. Todo estaba mal, mis anhelos y deseos se desaparecieron bruscamente en el momento en el que vi a mi mujer sobre un charco de sangre en la acera. La escena era grotesca, pude ver a mi hijo, quien ella llevaba en su vientre, deformado de su forma natural en la maternidad. ¿Quién era ella para arrebatarme mi único camino a la redención?

Sentí como si el estómago me hubiera llegado a la garganta, recordándome lo que en tiempos pasados ya había sentido !Como la odiaba a ella¡ cómo me odiaba a mí.

Después de dos meses interminables de pasar cronológicamente por todos mis desgraciados recuerdos, lo supe. Lo vi, un pequeño ángel, de no más de 4 años, cabello castaño y muecas tristes, su padre lo maltrataba, lo golpeaba repetidas veces en su rostro, recordé a mi padre, el odio, el aborrecimiento, el rencor, resentimiento, entiéndame, debía salvarlo de ello, ustedes saben.

Me lleve al niño a mi casa, lo acogí en mis brazos y le di todo el amor que nunca podría haber conocido en su vida, y mientras le mostraba como usar los cubiertos para comer la cena no pude evitar salvarlo. Si, lo maté pero no me juzgues, no quiero verlos sufrir más, eso hubiera querido para mí, que me mataran, con tal de no recibir más golpes. Ahora, soy su héroe. Con esa criatura, sentí algo maravilloso que hizo que volviera a hacerlo. El enterrarle el cuchillo por su pecho directo al corazón, pude sentir su paz. Le corté la lengua, anhelaba probarlo, saborear su dulzura y nada mejor que éste músculo móvil dentro de su pequeña boca inocente para silenciar una vida de sufrimiento.

De los cinco niños que salvé, todos conocieron el amor gracias a mí, todos tenían sabores diferentes, realmente exquisitos. Es increíble, no tenía necesidad de cocinarlos, son seres tan puros que no quieres dejar escapar ningún sabor. Nadie se ha dado cuenta de lo que hago, soy muy reservado, los niños me aman y acuden a mí como un amigo, un apoyo para sus problemas. Además sus padres no los aman y jamás los buscarían, yo soy un buen padre, y me hubiera gustado tener a mi hijo para demostrárselo.

Esta mañana desperté, me he visto al espejo diferente. Ya no soy adulto, ¿pueden creerlo? Mis manos frágiles y mi cara redondeada están muy lastimadas por los golpes, debo huir de esta pesadilla, debo hacerlo rápido antes que vuelva mi papá. Este es el regalo que me da la vida, yo salvé a cinco niños y ahora puedo salvarme a mí. Día tras día voy cortando mi rostro y estómago, cada vez más profundo, cada vez con más facilidad, el cuchillo es frio como el alma de quienes me hicieron daño, espero que mi último día en esta insignificante vida se está aproximando, pues tengo algo planeado, cortarme la lengua para por fin tener el placer de probarme y sentir un poco de libertad.



Ya casi llega el día de mi salvación. Gracias a mí.

Escrito por : Laura Galvez - Alejandra Murillo

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