Hola queridas almas penantes..

Nueva presentación más tierna y el mismo contenido perturbante...

Twitter: @AleejaMC

martes, 30 de abril de 2013

ESTA VEZ NO SERIA IGUAL.







Ustedes saben que a las abuelas les encanta contar historias, y la mía no es la excepción. Mi abuelita suele sentarse en su silla mecedora mientras yo me acuesto en el suelo cerca a ella. Sus historias siempre varían entre sus amores de cuando fue joven, de la época que ella vivió en la finca, el maltrato que le propinaba su esposo, en fin; siempre era el mismo tipo de historias, excepto una vez.






Yo estaba en la habitación viendo televisión, como siempre. Mi abuela en la cocina cantando en un tono melancólico uno de sus boleros favoritos. Mi programa entro en comerciales y decidí ir a escuchar a mi abuela mientras volviera a comenzar la película. Entre en la cocina, ella me miro y me dijo: 


- Mamita, siéntese, hágame compañía.


- Bueno abuelita. Dije mientras me acomodaba en una silla cercana. De inmediato supe que me contaría una buena historia, digna de escribirse.







La familia Marín, siempre fue muy buena, de esas familias que conoce a todos sus vecinos y esta pendiente en ayudarlos a toda costa. La madre, siempre atenta, y entregada totalmente a su hogar, se le podía observar en el antejardín de su casa con el delantal puesto y su cabello siempre recogido en una perfecta cola de caballo; Él padre humilde y trabajador, siempre bien puesto salía a todos los días a las 6 de la mañana a su trabajo de salario mínimo, se podía notar el orgullo que traía mientras acomodaba sus gafas; la pequeña, 8 años y extrovertida, cabello negro, envidiablemente hasta la cintura. Todos muy felices.






No muy lejos, a unas cuantas casas de la suya, vivía una pareja, Ana y Alonso. Ellos siempre fueron muy especiales con la chiquilla hija de los Marín; tal vez ocultando su pequeño secreto de que nunca pudieron tener hijos, o eso pensaba la mayoría de los vecinos.


Era más el tiempo en que la niña pasaba con sus vecinos que con sus padres. Ella pasaba horas en la casa de sus vecinos, era muy consentida, le tenían mil y miles de juguetes para la diversión de ella.






¡Que tierno! – pensaban todos.






Cierto día, Ana fue a visitar a su vecina, bueno, más bien a pedirle permiso de llevarse a la pequeña a un viaje familiar a Ginebra por unos días, al principio la madre no estuvo muy de acuerdo, pero termino accediendo a su petición. La niña emocionada junto a su madre organizaron una maleta con todo lo que podía necesitar para el viaje. Arreglado todo se decidió que la niña pasaría la noche con sus vecinos pues saldrían temprano en la mañana a coger el bus que los llevaría a su destino, no hubo problema.






Esa noche la madre no pudo dormir bien, era la primera vez que la niña no dormía en su casa, el padre cansado trataba de calmarla:


- - Mija, la niña va a estar bien, no ve que Ana y Alonso, son buenas personas, no le pasara nada, mejor duérmase.


- - Ay, pero que tal que… .La señora sacaba una mil excusas, ¿Estaba preocupada, estaba celosa? No sabía en realidad que pasaba. Pensó y pensó y durante la noche recordó que no había guardado el vestido de baño de la chiquilla, tomo eso de pretexto para ir a ver a su hija por ultima vez antes que se fuera por 3 días










La señora alcanzo el bus en el que viajaban sus vecinos, subió y los encontró sentados, Alonso alcanzo a verla y se paralizo.



- - ¿Que hace usted aquí, vecina?


- - Pensé que no los alcanzaría. A Marianita se le quedo el vestido de baño y se lo traje para que no tuvieran que comprar otro por halla, que pena.



La pareja se miro. La niña estaba en brazos de Ana, tapada hasta la cabeza por una cobija azul.


- - Bueno, yo me bajo. Déjenme despedir de mi hija.


- - ¡NO! – Gritaron la pareja de esposos.


- Ella esta durmiendo. Dijo Ana; se volvieron a mirar.






La madre de la niña se acerco a tocar a su hija, y en un grito agudo descubrió a su hija, pálida, con el cabello corto, y siendo utilizada como maleta para un gran cargamento de cocaína para la guerrilla. Sí esa era su hija o al menos solo la piel…


… 

Al terminar su historia, mi abuela me dijo:



- - Bueno mami, vaya vea su película pues.



Me retire lentamente con cara de trauma.

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